Testimonios

Miriam

Mi nombre es Miriam. Tengo 33 años y soy de Buenos Aires, Argentina.

Mi historia comienza hace casi 14 años. Tenía 20 cuando me diagnosticaron por primera vez sarcoma sinovial, un tipo de cáncer raro, agresivo y poco frecuente (no tarde en aprender que esas 3 características empeoraban una situación que de por sí es muy mala) porque si ya de por sí tener cáncer es una muy mala noticia, tener un cáncer raro te coloca del lado en que hay menos investigación, menos tratamientos y por consecuencia…menos chances. 

Empezó como una pequeña bolita en la pelvis que no dolía ni molestaba. Tuvieron que pasar 10 meses, muchos médicos, estudios y una cirugía inicial mal planteada, para llegar a un diagnóstico certero. El mundo se volvió algo surrealista ese viernes 26 de octubre de 2007 cuando mi vida entera cambio para siempre. Por delante: nueva cirugía (está vez radical) y 35 sesiones de radioterapia que, además de regalarme más chances de colocarme un paso delante del cáncer, también me regalaba una posible infertilidad irreversible y muchos efectos secundarios (algunos temporales y otros crónicos).

3 años después de finalizar el tratamiento, una recaída local me puso de nuevo en ese huracán arrasador de miedo, tristeza, impotencia y dolor. Nueva cirugía. Esta vez sin tratamiento. Se había logrado detectar rápido gracias a los controles rutinarios. 

Seguí caminando. Viví. Y poco a poco comencé a dejar de identificarme como persona enferma y la esperanza, la ilusión, los proyectos, los deseos y los sueños ganaron terreno. Le cantaron “vale cuatro” al cáncer y por primera vez, en mucho tiempo, sentí que era posible. Que podía llegar a verme arrugada y con pelo blanco, sentada en un jardín, rodeada de plantas y flores de colores, y sonriendo cada vez que veo un cielo pintado como cuadro. Pensando “llegué”. 

Pero la vida no es justa muchas veces. Y hay que acostumbrarse a ello: Después de 7 años libre de enfermedad, en noviembre de 2018 un dolor punzante en las costillas que me dejo inmovilizada por completo, me devolvía de nuevo al infierno de una manera abrumadora. Esta vez más oscuro, más aterrador y más triste (cómo si eso fuera posible).

Una metástasis me había fisurado una costilla. Y yo sentí como además se me quebró el alma en mis pedazos. Me hundí por completo. Jamás sentí tanto miedo como en ese momento. Y honestamente creo que nadie debería- nunca jamás -sentir ese nivel de miedo. 

Comienza un nuevo mundo dentro del cáncer para todos los pacientes que nos graduamos en esta etapa. Hay que aprender a convivir con el cáncer, ya no se trata de “pasarlo y seguir”. Y esa, creo al día de hoy, es una de las etapas más difíciles. 

Quimioterapia y nueva cirugía: un periodo tremendo y muy difícil, pero una nueva remisión. Y ahí, la esperanza que ya había aprendido a florecer hasta en los peores suelos, hizo su magia. Y volvió. 

Pero como ya vimos, la vida tiene sus matices y el cáncer es traicionero, suele mostrar sus dientes cuando menos lo esperamos. 

11 meses después aparecieron lesiones pulmonares en los controles estrictos. Y acá estoy … nuevamente en quimioterapia. Sin saber cuál es el próximo paso. Con la sensación constante de que tengo que nadar en un océano de incertidumbre con una venda en los ojos sin tener idea de que ocurrirá en los próximos minutos. Solo me repito “seguí nadando” …no importa lo que pase no dejes de nadar. 

Vivir con cáncer es una montaña rusa, física, mental y emocional. 

Pero hoy intento no mirar demasiado hacia adelante. Sólo avanzo hacia atrás para mirarme, darme una palmadita en la espalda y decirme: “Llegaste hasta acá, nadaste hasta acá y eso es un montón, mucho más de lo que pensamos una tarde de octubre de 2007”. Aun así, me levanto cada día fomentando mantener siempre la esperanza viva. Que pase lo que pase, la esperanza no se esfume. 

En estos 14 años, hice muchas cosas: estudié, me recibí, trabajé, viajé, hice cientos y cientos de cosas que me hicieron sentir feliz, orgullosa y plena, que me hicieron reír, llorar, abrazar la vida con fuerza, que me sostuvieron, me llenaron de fe, de energía y de esperanza. Amé mucho, muchísimo, deje que me amen profundamente, conocí gente y lugares maravillosos, cuidé a los que amo y ame a los que me cuidan. 

Y de lo único que estoy segura es que el cáncer no me define, aunque muchas veces me haga creer que así es, quizás más veces de las que quisiera. No SOMOS patologías, enfermedades ni condiciones: TENEMOS patologías, enfermedades o condiciones. Tengo cáncer, pero soy mucho más que eso.

 


Si quieres saber más de Miriam, puedes visitar su Instagram enhttp://instagram.com/mimi.valen

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