Poesía

Vivo

     Una mañana de invierno entré a la sala,
demasiado blanco para mi gusto.
     No los veía, no los escuchaba,
ni recuerdo aromas.
    Solo imaginaba aparatos,
asistentes, guardapolvos blancos.
     No estaba sola, me acompañaban
mi rezo, mi ansiedad y mi entrega.
     Tres preguntas me inquietaban
¿Por qué? ¿Para qué? ¿Esto sería todo?
     Transcurrieron seis meses
de tratamientos convencionales.
     Con sentimientos encontrados
mi corazón y mi mente
buscaban la cura.
     Una extraña sensación se apoderaba de mí
gritándome que no la hallaría
solo en los consultorios.
     Debía emprender un nuevo camino.
     En tus palabras, halle una señal.
     Me atreví y con coraje encontré las respuestas.
     Ellas fueron mi despertar.
     ¿Despertar?… despertó mi alma.
     Algunos te llaman Doctor
otros Oncólogo.
     Para mí fuiste
un avatar, un guía.
     Destruí, derroté, combatí
al intruso que se había apoderado
de este espíritu.
     Con viejas heridas, llenaba el vacío
de dolor y rencor.
     Fue mi gran desafío y mi victoria.
     Hoy vivo gracias al perdón.
     Hoy vivo,
y me acompañan el perdón, el amor y el humor.


 

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