Aún recuerdo como si fuese ayer ese breve instante donde el cáncer tomó mi vida. Tras toda esa incertidumbre, ese caos que no había dejado posar ni un solo pensamiento, tomaba forma. Y siendo sinceras, no era la forma deseada.

Un día, recibí una breve llamada de la radióloga, en la que solamente le conseguí sonsacar que no tenía material suficiente para analizar y que debía realizarme una nueva biopsia.

Al colgar, me eché a llorar desesperada. Nadie me decía nada, pero las pruebas se sucedían de manera vertiginosa. Esa noche no pude pegar ojo, no dejaba de dar vueltas a la de idea de qué iba a hacer con mi vida si me decían que ese maldito bulto encontrado por casualidad era malo.

Llegó el día, y decidida, entré a aquel box una vez más. Mientras me explicaban que debían colocarme dos marcadores para la cirugía, di un respingo. Imaginaos la estampa: tumbada, desnuda de cintura para arriba, con el pecho derecho tratando de recomponerse de la última biopsia y me hablan de cirugía.

Tras un silencio sepulcral, alcancé a preguntar: -Pero, ¿aunque es bueno hay que quitarlo o hay que quitarlo porque es malo?-. Y tras tomar mi mano, la radióloga contestó: -Hay que quitarlo porque es malo-.

De repente, una lagrima resbaló por mi mejilla. Yo ya no estaba ahí. Solo podía pensar en que la mujer que era iba a dejar paso a una nueva mujer; también pensé en mis hijos. Por que si de algo estoy segura es de que, Mujer luchadora se escribe con M de Madre.

En el resto de la prueba, incluida una nueva biopsia, me sentí inerte. Callada, aguantando el tipo, tratando de hallar la manera de encajarlo y buscar el modo de contárselo a los que me quieren. Y casi sin darme cuenta, estaba tumbada en una camilla, con hielo en el pecho y esperando a mi madre.

No os hacéis una idea de lo angustioso que fue ese momento. Nada más ver a mi madre, rompí a llorar desconsolada. La pobre pensaba que la prueba había sido dura y me preguntó si me dolía, y yo, tratando de conectarme de nuevo con aquella realidad, le dije: -No mamá, es que me han dicho que es malo.- Y ella, tragándose mis palabras cual píldora, me miró tiernamente y me dijo: -Tranquila, estaremos siempre aquí para lo que necesites.-

Nadie te prepara para algo así, para ver sufrir a alguien por el que te cambiarías de lugar sin dudar. Te parte el alma haber tenido que escupirle las palabras, pero es que ni tú misma eres capaz de tragarlas.

Al día siguiente, 14 de Febrero, el cirujano confirmó que tenía cáncer de mama. Un tumor HER2 en estadio 2 y micro carcinomas tras la aureola; debíamos descartar metástasis y hablar con el oncólogo para empezar con la quimio.

Ahí comenzó mi viaje, mi particular montaña rusa, porque el cáncer da miedo, pero a las guerreras no nos gana nadie.

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