Testimonios

Si te caes, ¡te levantas las veces que sean necesario!

Al nacer, mi padre se empeñó en llamarme Daisys como mi hermana, su primera hija con la anterior pareja y Elena por mi Madre, pero para mis amigos soy Elena. Tengo 39 años, nací en Venezuela y viví allí hasta hace 5 años; desde entonces he vivido en Madrid, España. En el 2013, a mi tía materna la diagnosticaron con Cáncer de mama, y fue muy fuerte asimilar que un familiar padeciera algo semejante. Mentalmente no estamos preparados ni para ser un familiar de un paciente de Cáncer; mucho menos para ser paciente oncológico. 

En 2018, ya con el antecedente de cáncer familiar, me palpé un bultito en la mama izquierda. Inmediatamente me fui al médico de cabecera para que me mandara hacer una ecografía, sin embargo, él decía que no era necesario: que eso era un bultito de grasa y que no estaba en edad estadística para un cáncer. Cada vez que tenía que acudir a consulta le mencionaba mi preocupación, y me decía que dejara de preocuparme, hasta me llamó paranoica. Para el 2019, me mudé de residencia, por tanto, tuve que cambiar de centro de salud, y en noviembre tuve que asistir al centro médico para ponerme la vacuna de la gripe por ser personal sanitario, y aproveché para preguntarle a mi nueva doctora sobre el bultito: ella sin tocarme me dijo lo mismo que el médico anterior.

En diciembre 2019, tuve un accidente de tráfico leve y me enviaron de baja por rehabilitación en el hombro y cervical. Duré de baja hasta febrero 2020 y cuando voy a la consulta para darme el alta, le vuelvo a comentar lo del bultito; le menciono que me duele y que al realizar mi trabajo me duele debajo de la axila. La médica me dice que para que yo me quede tranquila me va a citar una ecografía: me da cita con el especialista para el 01/04/2020, así́ que, si ya había esperado tanto, podía esperar un par de meses más. El mundo se volvió́ una pandemia en marzo, y mi cita la pospusieron 3 meses más. Mi abuela muere en Venezuela en plena pandemia; dejándome un sentimiento de impotencia y dolor indescriptibles; y empieza la depresión de mi mamá. En mayo muere mi otra abuela, que era otra madre para mi mamá; y el sentimiento se duplica. Me preocupa mucho mi madre, ya que tiene patologías de riesgo una cardiopatía y un EPOC.

Llego el día de la bendita ecografía, y la mirada de la médica radióloga era de un poema; y le agradezco el interés que puso en mi caso. Lo primero que me dijo fue: “En dos días puedes venir temprano para hacerte una biopsia, no tengo un hueco para citarte, pero si te vienes temprano lo podemos hacer”, le respondí con un “Sí” y par de lágrimas me recorrieron los ojos. Me dijo “no te preocupes es para descartar”, sin embargo, en menos de un mes me dieron la noticia: Tu biopsia salió́ positiva para cáncer de mamá.

¡Mi cabeza no lo procesaba! ¡A pesar de tener antecedentes, no estaba de acuerdo! ¡No podía ser! ¡Yo me cuidaba! ¿No tengo edad para este diagnóstico? Pero la cruda realidad es que sí: Tengo Cáncer. El médico me hablaba y yo no lo escuchaba, a mi mente vino la palabra MUERTE; lo interrumpí y le pregunté: ¿Quiero que me diga la verdad, me voy a morir? ¿Tengo que ir al notario, a dejar todo en orden? ¿Tengo 2 años insistiendo en una ecografía y usted me dice que mi Cáncer es agresivo y que tenemos que empezar quimioterapia lo más pronto posible? ¿Qué si tengo hijos? ¿Qué si quiero tener otro? ¿Qué mis óvulos a mi edad ya no sirven? ¿Qué tengo que firmar algunos consentimientos porque como mata células cancerígenas, mata también células buenas?

Salgo del consultorio llorando, y recibo una llamada de mi trabajo: “Elena, hoy no vienes a trabajar, ya te dimos de baja porque el chico que cubres se reintegra hoy. ¿Pero queremos saber sí puedes cubrir otra baja? ¿Te sientes bien?“. Yo respondo: “Sí, cuente conmigo”. Me seque las lágrimas, me devuelvo a la consulta y le comento al médico lo que acaba de suceder. Me recomienda que continué trabajando hasta el día que me hagan la primera quimio. Cuando llego al coche me preguntan: ¿Cómo te fue? Dije ¡Bien! Lo mismo de siempre. No podía articular palabra, no me salía nada. Llegué a casa y me cambié, agarré la bicicleta y me fui a andar. Iba tan llena de preguntas sin respuestas que a los dos kilómetros estaba en el suelo; empapada de polvo, con arañazos por todos lados. Me paré, mi compañero de piso me dijo “venga vamos a casa otro día volvemos” y le dije “¡NO!” Me levanté, saqué fuerzas de dónde no las tenía, me temblaba todo, me monté en la bicicleta y anduve por más de dos horas. De regreso a casa, me caí́ otra vez, me volví́ a levantar y volví́ andar en la bici. Decido hablar con mis compañeros de piso y contarles lo que me está sucediendo, y tomo la decisión de no contarle a mi mamá y a mis hijas, por sus enfermedades y por la situación de Covid: aeropuertos cerrados y demás.  Mi madre ya tenía bastante con sus enfermedades y las muertes de mis abuelas para yo darle otro sufrimiento. Con la quimioterapia vienen sus efectos secundarios, me han dado todos los que me mencionaron antes de empezar y algunos que no. Estuve tan mal, con el primer ciclo, que me ingresaron con fiebre alta, erupciones cutáneas, vómitos, diarreas, neutropenia febril, defensas súper bajas y empezaron esas preguntas incómodas a rondar por mí cabeza ¿Y si llamo al notario y dejó todo arreglado? ¿Arreglo la carpeta del seguro de vida y la dejo en un sitio donde sea fácil localizar? ¡Soy una persona muy organizada, pero en esos momentos nadie encuentra nada! ¡Me deprimí mucho! Me atacó el miedo y decidí luchar contra él. Me quitaron el PICC, tenían que analizarlo porque el médico decidió que no era la mejor opción para mí. Es verdad que con el PICC te ahorras muchos pinchazos, pero yo me siento libre para otras cosas. Y llegó la famosa tercera semana donde se te cae el pelo y al ver los primeros cabellos caer, pues pedí ayuda para que me lo cortaran a cero, y como se me seguían viendo los huecos blancos donde se me habían caído me pasé la maquinilla y ya.

El Cáncer también me trajo cosas maravillosas, como Instagram. Allí he conocido un grupo de mujeres maravillosas que son un ejemplo que seguir, donde nos leemos nos apoyamos, estamos pensando la una en la otra y eso ha hecho que lo acepte con mejor disposición. Cuando tenía 29 años pasé un par de años horribles y pensé que no habría nada más horrible que pudiera sucederme… pero vino el Cáncer y el mundo se me cayó encima.

Recordé todo lo que me había pasado y reflexioné “si pude con todo aquello; puedo aprender a convivir con el Cáncer Se que mi vida no será igual que antes, hay cosas que debo cambiar, una es adaptarme, vivir un día a la vez, entender que no puedo controlarlo todo y esto no tiene por qué hacerme sentir mal. Hablo con mi Cáncer, y le digo “llegaste sin ser llamado mucho menos bienvenido; pero mientras salgas de mí cuerpo llevaremos la fiesta en paz, no te tengo rencor, porque sé que llegaste para dejarme una enseñanza… ¿Cuál? No sé; pero si estoy segura de que cuando esto pase seré un mejor ser humano, valoraré mucho más los pequeños detalles de la vida. Mientras, seguiré haciendo todo para que entiendas de buena manera que no eres un invitado en mí vida, eres un pasajero con una estación de destino y en esa estación nos separaremos porque yo quiero vivir y tú quieres morir”. Sé, que hay días malísimos, pero no hay nada como la vida. ¡Y hoy estamos vivos!

Estoy llena de cicatrices, y pronto llegarán algunas nuevas. Por tanto, estoy llena de perlas, porque la perla es una herida cicatrizada, llena de aprendizaje, llena de momentos de transformación. Han sido meses duros y quedan otros por venir. Mientras hablo con mi Cáncer, mientras debatimos: él está consciente que llegará el momento de separarnos; y mientras yo pongo todo lo que hay en mí para aprender, para recibir el tratamiento, para bendecir y agradecerle a mi cuerpo el soportar toda la medicación y todos los efectos secundarios, agradecer cada día de vida más, agradecer a todas esas personas que me levantan cuando tengo días fatales, amarme sin juicio ni prejuicio, disfrutar de esos momentos simplones pero que son la sal de la vida.

 


Si quieres saber más sobre Elena, puedes seguir su IG: https://www.instagram.com/luchando_por_vivir_y_sonar/

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