Testimonios

Rosalba Martínez

Era octubre de 2019 y veía publicaciones sobre cáncer de mama por todos lados, pero yo me encontraba lactando a mi bebé y me sentía protegida, pensaba a mi no me puede dar por que estoy lactando, jajaja (nada más lejos de la realidad).

Un día, a finales de octubre, me estaba bañando con mi bebé y recordé una publicación que compartieron dos contactos de Facebook y dije “vamos a tocarnos“, y enseguida descubrí una bolita en mi seno izquierdo: era una bolita muy dura como una canica. En ese momento dije “ya valí, esto es cáncer“, y quise hacer de cuenta que no había pasado, pero era tarde, en ese momento supe que mi vida había cambiado para siempre.

Salí de bañarme, le hablé a mi mamá, le escribí a mis amigas más cercanas y le conté a mi esposo, quien de inmediato me dijo “te saco cita con un ginecólogo de la aseguradora” y todavía le dije “no, voy con mi ginecólogo de siempre, no con un extraño”, y me dijo “es que no sabemos si vas a necesitar cirugía“, y yo pensé: ¿cirugía para qué o qué?

A los dos días, ya estaba con el ginecólogo quien de inmediato me mandó a hacer un ultrasonido. Fui al ultrasonido acompañada por mi mejor amiga, y al terminar la radióloga me dijo “no te vayas, espera afuera“. Enseguida nos mandaron a llamar para hacerme preguntas que no comprendía como si tenía seguro médico, cuánto tiempo llevaba con él, y cosas que no recuerdo, me dijo que tenía que hacer una biopsia para darle nombre a mi bolita.

Unos días después de la biopsia, me citaron para una mastografía. Justo antes de hacerla, la radióloga me dijo que el resultado de patología no era nada bueno, por eso me había citado porque necesitaban saber cuáles eran mis posibilidades. Me dijo que estuviera tranquila, que era muy afortunada por tener un esposo que me ama, una amiga incondicional que estaba ahí afuera esperándome, una familia, seguro… en ese momento no comprendí lo que me decía, sólo recuerdo que me quedé en blanco.

Salí a ver a mi amiga, quien nuevamente me había acompañado, y le dije “wey, tengo cáncer”. Creo que también se quedó en blanco, nos sentamos afuera  a fumar un cigarro, el último de mi vida en ese mismo lugar donde estaba sentada unos días antes y me había tomado una foto con Matisse y todo era felicidad. Ese día por el contrario, todo era negro.

Cuando escuchas la palabra cáncer solo piensas en muerte; por cierto mi amiga siempre estuvo ahí para mi y salvó mi vida con memes de gatitos. Lo más doloroso de todo este asunto fue saber que en ese momento se había acabado mi lactancia, la cual me había costado mucho y había defendido con todo. Eso me dolió en los más profundo del alma.

Dos semanas después de la biopsia ya tenía el diagnóstico: carcinoma ductal infiltrante, sin patrón específico, grado 3, triple negativo, K67-50%, etapa IIB, T2 N1 M0. NOTA: El cáncer de mama triple negativo es el más agresivo, el de mayor recurrencia y peor pronóstico, sólo representa el 15 % aprox. de todos los casos. El tiempo que pasa entre saber que tienes cáncer y un diagnóstico definitivo es mortal, es como estar viviendo un sueño, más bien una pesadilla. Yo estuve en automático por varias semanas y sólo me levantaba de la cama porque debía ir a trabajar.

 

Teniendo ese diagnóstico, empezó  esta aventura: el primer paso fue ir con el cirujano oncólogo quien revisó mi caso y me dijo “empiezas por quimioterapias y después vas a cirugía que en tu caso no aplica conservadora por que tu cáncer es muy agresivo y bueno para empezar ni tienes senos, ¿qué te corto?” .¡En ese instante lo odié! Un par de días antes de mi cumpleaños #38 me pusieron un catéter puerto para quimioterapias, ese día en el hospital todo fue risa y diversión y hasta con las uñas arregladas salí.

Por esos días fui a ver una obra de teatro maravillosa que trata sobre el cáncer de mama, lloré y reí tanto a la vez, esa obra me dio el impulso que necesitaba para enfrentar lo que estaba por vivir. También decidí hacerme un tatuaje para recordar que por ese diagnóstico no me iba a morir. En mi cumpleaños tomé las últimas cervezas por mucho tiempo con mis dos amigas más cercanas,  y aunque por dentro estaba rota y marchita, una vez más todo fue risa y diversión. Cuando pasas por una situación así, esos momentos son invaluables.

Llegó el momento de raparme, pero dos angelitos que rondan por mi vida lo hicieron divertido y el día terminó en noche de tacos. Pasé por 16 quimioterapias en las cuales siempre estuve acompañada sin importar que fuera 24 de diciembre o estar en medio de una pandemia, cada quimioterapia era una fiesta con botana y resaca incluida, aunque yo la pasé realmente bien (¡gracias medicina biorreguladora!).

Las quimioterapias son brutales, son como un embarazo o una resaca de 6 meses, pero son mágicas, y gracias a ellas y a mi excelente oncólogo, el tumor desapareció.

Al término de las quimioterapias vino la cirugía, al estar en etapa temprana y no ser genético pudo ser conservadora, y no es por nada, pero mi cirujano merece unas caguamas por su excelente trabajo. Después vinieron 25 radiaciones, esas si me dejaron como zombie, sin piel en algunas partes y otras partes carbonizadas, tuve quemaduras de tercer grado. Al ser triple negativo mi tratamiento termina aquí, solo siguen revisiones frecuentes durante un par de años y después revisiones anuales por el resto de mi vida, esperando jamás tener que repetir la historia. 

Durante esta experiencia de vida estuve acompañada por personas maravillosas, que jamás me dejaron sola, y que de no haber sido por su apoyo, hoy no estaría aquí contando esta historia. En ese momento comprendí las palabras de la radióloga diciéndome que era afortunada y entendí el verdadero significado de las palabras familia, amistad, acompañamiento. Todos ellos tienen mi amor y agradecimiento infinito.

Nunca dejen de tocarse ni de acudir a sus citas médicas: la detección temprana es muy importante, eso fue lo que salvó mi vida. No se confíen por no tener antecedentes familiares ni factores de riesgo, el cáncer no respeta nada…

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