Testimonios

Lazos rosas y guerreras

Durante todo el proceso de tratamiento oncológico, conocí a mujeres maravillosas; como me sigue ocurriendo hasta el día de hoy gracias a Instagram. Nunca pensé que una red social me podría ofrecer tanto y dejarme ofrecer tanto a mí también.

Una de las cosas que he aprendido durante este proceso es que muchas de las mujeres que han padecido o padecen cáncer de mama no se sienten representadas por el lazo rosa ni por la palabra guerrera.

En cuanto al lazo rosa opino que en un momento dado perdió su papel de visibilidad y reivindicación para dejar paso a un mundo edulcorado que no representa absolutamente en nada la realidad del cáncer de mama. Este lazo nos obliga a sonreír, a ser fuertes, a seguir con nuestra vida como si nada ocurriera, a seguir llevando la casa, los hijos, el trabajo, a hablar de nuestro diagnóstico quitándole importancia porque claro, todavía tenemos suerte de que este es uno de los cánceres más estudiados. Resumiendo nos mantiene en un continuo “estoy asustadísima, pero lo disimulo muy bien

La dulcificación rosita conlleva tener que escuchar repetidas afirmaciones del tipo:”es un año malo y ya está”; “ahora la ciencia ha avanzado mucho”; o “ahora se salvan muchas mujeres”. Por cierto, la mayoría de estas afirmaciones suelen venir acompañadas de los típicos ejemplos tipo: “la hermana de la cuñada de una amiga también lo tuvo y ahora está fenomenal”.

Parece que no podemos mostrar miedo a las revisiones, a las recaídas, al futuro, porque debemos ser optimistas, si no escuchas eso de “pero mujer no pienses en eso”.

Dentro de este lazo rosa que nos quieren vender, no tiene cabida el miedo, el dolor, las náuseas, los miles de efectos secundarios, la menopausia, la infertilidad, las lágrimas, el cansancio, la depresión, los expansores, la reconstrucción, las pruebas genéticas y menos aún la muerte.

Ese mismo lazo rosa detrás del cual las grandes empresas cosméticas y farmacéuticas se frotan las manos (porque somos clientas en potencia, y de las buenas) las cifras son estupendas para sus beneficios: una de cada ocho mujeres tendrán cáncer de mama. El negocio es rentable.

¿En qué momento se olvidó que antes de la palabra mama está la palabra cáncer?

Por otro lado nos encontramos frente al uso de la palabra guerrera. Lo digo yo que justamente me llamo “Guerrera Sármata” pero que contradictoriamente no me considero una guerrera frente al cáncer.

Es decir, pienso que en todo este proceso he guerreado contra el miedo y la verdadera lucha ha sido contra él, contra no dejarme llevar por la tristeza, el qué pasará, el pánico a los efectos secundarios, la incertidumbre a la operación y el pavor a una posible metástasis. Frente a todo eso sí que he sido una guerrera. Mis células han guerreado la quimio de la mano de mi maravillosa oncóloga; mi cirujano, mi radiólogo y el tratamiento hormonal. Y por qué no decirlo, la suerte.

Fotografía Cortesía de Julia Baviano

Son varias las mujeres que reivindican el no llamarse guerreras frente al cáncer, sobretodo el no utilizar la típica frase “perdió la batalla”, cuando desgraciadamente alguien fallece.

Pero a su vez, son muchas las que necesitan aferrarse a esta palabra para afrontar su día a día. Creo que es la manera de plantarle cara al miedo; mantenerse firme y decir: “voy a poner todo de mi parte para ganar esto”. Es algo que hace que te empoderes: te gusta que tus conocidos te lo digan, es su forma de darte ánimos, de mostrar su apoyo, de decirte que no dudan que le vas a poner valentía al asunto.

Así que después de escuchar, leer y hablar mucho sobre este tema, he llegado a la siguiente conclusión: Todo está permitido. Es decir, sea cual sea aquello que se utilice para tener fortaleza, serenidad y paciencia durante este proceso es válido. Si a una mujer le reconforta sentirse como una guerrera, amazona o vikinga: ¡Adelante!

Si a otra le reconforta lucir un lazo rosa, o un pañuelo, o una peluca o ir calva por la calle: ¡Adelante!

¿Quién es nadie para decidir lo que es correcto y lo que no? Ninguna estábamos preparadas para afrontar nada de esto. Así que cada una elige cómo afrontarlo y cómo llevarlo mejor.

Durante este año he aprendido muchas cosas que desconocía, una de ellas es la palabra SORORIDAD. Nunca llegué a creer tanto en su necesidad como hoy en día. Debemos estar juntas todo el año, como guerreras o como lo que nos dé la gana, pero juntas.

Tal vez te gustaría..