Testimonios

Asimilar una noticia para la que nadie está preparado

A lo largo de mi vida he debido enfrentarme a vivencias con las que no contaba. De pequeña no cabía en mi cabeza la posibilidad de las cosas malas. Pero conforme fui creciendo, sumando años y vida comprendí que las peores circunstancias se pueden cruzar en nuestro camino y sin pedir ni siquiera permiso.

El cáncer es una de esas enfermedades cuya existencia conocía; mi abuelo materno murió de cáncer cuando yo tenía cinco años. Y aunque escuchaba la palabra cáncer, la visualizaba como nebulosa y siempre lejana. Pero esa palabra siempre vuelve y lleva el nombre de gente que quizás no conoces o de gente muy cercana. Ves las lágrimas, tristeza, impotencia y oscuridad que deja a su paso.

Aun así, con toda la crudeza de esta realidad, el cáncer sigue siendo algo lejano, porque el cáncer sólo se puede llegar a entender cuando ha estado en tu cuerpo.

Sigilosa, en silencio y sin avisar, la enfermedad apareció en mi vida. Después de realizar las pruebas médicas necesarias (mamografía, ecografía y biopsia), allí me encontraba, sentada delante de un hombre cuyas palabras cambiaron mi vida:” es malo.”

Una catarata de agua congelada cayó desde el cielo, el tiempo se paró, se ralentizó. Recuerdo tener muchas sensaciones pero no miedo, en ese justo momento no. Sólo quería que me quitaran aquello. Es más llegué incluso a visualizar mi tumor, yo lo veía perfectamente ubicado en mi mama derecha, junto al pezón.

Miraba alrededor, porque todo parecía una película, me daba la impresión de que estaba viendo esa escena desde fuera, yo no podía ser la protagonista. No, ahora no. Con 40 años recién cumplidos y con la idea de ser madre en la cabeza.

Eso fue lo primero que pregunté. El doctor se sorprendió de la pregunta. Él me hablaba de cómo evitar una muerte y yo sólo pensaba en engendrar vida. Qué paradójico es todo.

 

En esa primera visita no pude acabar de entender el camino que me esperaba y mucho menos asimilarlo. Escuchaba la palabra cirugía y pensaba en la mastectomía, pero lo único que quería era que el tumor desapareciera. Después me hablaron de toda la línea de tratamiento a seguir, siguiendo el protocolo tras estudiar mis células. Radioterapia y tratamiento hormonal; no hice mucho caso a esas palabras, no me parecieron agresivas. Pero cuando escuché quimioterapia es como si me tiraran de improviso al mar desde lo alto de un acantilado.

Y toqué fondo, y lloré y miré desorientada alrededor, y agarré fuerte la mano de mi marido que estaba lo mismo de asustado que yo, pero sabía que debía mantenerse firme. Quimioterapia. Quizás esa palabra cree más miedo que la propia palabra cáncer. El tratamiento médico de las peores pesadillas. Cuántas veces había visto o leído sobre el tema. La imagen instantánea que venía a mi cabeza era la de una persona calva y demacrada, débil, frágil. ¿En eso me convertiría yo?

Tenía muchas dudas que sabía que todavía no se podían resolver. Todavía faltaban pruebas por realizar y mi cabeza pensaba en todo y en nada al mismo tiempo. En ese momento no quise preguntar más. Ahora sé que hice lo correcto. Ya tendría tiempo de conocer mejor mi tipo de tumor. En ese momento no hubiera entendido nada de lo que me dijeran.

Me palparon el seno, todavía amoratado por la biopsia, ahí estaba el tumor, parece ser que bastante localizado y la enfermera me miró con coraje y me dijo: tú vas a poder con esto!!

¿Pero qué es esto? Y esa es la gran pregunta y la respuesta que nunca estuve preparada para recibir. Esto es Cáncer de Mama.

Si quieres saber más sobre Julia puedes visitar su IG en:
https://www.instagram.com/guerrera_sarmata/

 

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