Testimonios

AMOR

Mi nombre es Andrea, tengo 44 años, trabajadora, mamá de dos hijos maravillosos y mujer de un buen hombre. Hace exactamente 1 año me diagnosticaron cáncer de mama (Carcinoma Invasor Nottinham II).

Un día mi esposo me dice: – ¡Tienes un porotito ahí!

-Yo me quedé pensando… ¡ba! ¡Cómo él sabe más que yo de mí! Le tomé poca importancia y seguí con mi vida agitada y estresante. Dejé pasar 4 meses hasta que fui al ginecólogo y me hicieron la mamografía donde supe inmediatamente que tenía cáncer e inmediatamente me agendaron todos los exámenes pertinentes.

Mi médico me dijo tienes cáncer de mama y después del bla bla bla bla porque no entendía nada, escuchaba lejos al doctor y miraba a mi esposo.

– ¡¿Porque yo?! No bastaba con todo lo que me había pasado en mi vida, pensaba que Dios me odiaba o se reía de mí…quería ser feliz y sentía que Dios me negaba cosas buenas, lloré, grité, patalié, renegué, me vi en un hoyo tan profundo, que dije hasta aquí llegué.

Dentro de ese proceso me operaron, mastectomía parcial derecha y ganglio centinela, me hicieron las biopsias, diagnóstico positivo para metástasis de carcinoma y márgenes donde estaba el tumor, positivos para carcinoma ductal invasor Nottinham II y carcinoma ductal in situ. ¡Otra vez a pabellón!!! Para ampliar márgenes donde estaba el tumor, pensaba cómo llevar esto y no molestar a nadie y seguir funcionando como la mamá y la esposa, ser yo la que hace todo en la casa. Al salir del pabellón quería hacerme la fuerte y ver que yo podía sola (que tontera). Después de la operación tenía la mama muy inflamada dura, afiebrada y con dolor, se abrió la herida y corrimos a urgencias, donde me vaciaron la mama de muchísimo contenido hemático, sentí mucho dolor ya que me pusieron drenaje, antibióticos y antinflamatorios. Fue ahí que dije ya no puedo más sola, dejo la coraza ahí, acepte la ayuda de mis hijos y esposo y me dí cuenta que tenía amor por todos lados, que era inmensamente feliz y tenía todo lo que quería conmigo siempre.

Comencé un nuevo paso en este largo proceso, me instalaron el implantofix para las quimioterapias, el cual no duró mucho ya que fue lo más doloroso para mí, nadie sabía que era alérgica al látex, casi me rompe la piel del pecho porque mi cuerpo lo rechazó. 

Fui a mis quimioterapias que fueron 4 de la rojita y 4 taxol. Al empezar el tratamiento, las enfermeras me dijeron que mejor me cortara el pelo para que el proceso de perderlo no fuera tan fuerte, mi hija se encargó de cortarme y raparme, cada vez que pasaban la maquina por mi cabeza, sentía que me iba rompiendo… lloré, ya que al verme calva entendí que ahora se me venía lo más difícil, mi hija se rapó conmigo para que yo me sintiera acompañada, es el más grande gesto de amor que hizo por mí.

No fue fácil, vómitos, sin dormir, cansancio, no poder comer y por sobre todo y lo peor, dolores de huesos que hasta el día de hoy siento. Cada vez que iba a quimioterapia pensaba una menos y más cerca de volver a estar sana, mentiría si digo que fue fácil verme sin cejas, pestañas, sin pelo e hinchada, fue difícil al punto de tratar de esconderme, por la mirada insistente de la gente, que no piensa en el dolor que le causa al otro. Me escondía hasta de mí esposo, hasta que él me dijo que yo era la misma, que él no notaba diferencia y para él era linda y eso fue el empujón para salir a la calle sin miedo y vergüenza.

Fotografía cortesía de Andrea.

¡Hace poco termine 19 secciones de radioterapia, ya tengo pelo y sobre todo cejas, amo mis cejas!! (ustedes me entienden) en realidad me amo completa.

Siempre escuché hablar de la resiliencia sin entender que era, la busqué y miren: “Se denomina como resiliente a aquella persona que, en medio de una situación particular, es asertiva y convierte el dolor en una virtud como, por ejemplo, el padecimiento de una enfermedad, la pérdida de un ser querido, la pérdida de cualquier parte de su cuerpo”.

Algunos sinónimos de esta palabra son fortaleza, invulnerabilidad y resistencia.

¿Se sienten identificadas? Pues yo sí, y sé que ustedes también. Les mentiría si digo que todo fue color de rosas, porque no lo es, es fuerte pasar por esto, pero aprendí a escuchar a los demás y darme cuenta que puedo ayudar a otros. Escuchando, entendiendo y alegrando a los demás, conocí hermosas personas de distintas clases sociales, pero eso no importó, porque ahí todos éramos iguales… todos luchando por vivir.

Si estás en este proceso, respira, escúchate y mira alrededor, sonríe, baila, vive, ama, se feliz, pinta, teje, se positiva, cuando venga la incertidumbre y el miedo canta, sonríele a la vida, no es fácil, lo sé, pero que no nos gane el negativismo, no estamos solos siempre hay alguien que te puede escuchar y si te sientes sola acá estoy para apoyarte. 

Gracias a Dios y a mis cuidadores: mis hijos y mi esposo porque sé que, sin su paciencia y amor, esto no lo logramos. ¡Los amo!!

¡Hace unos días me hicieron los exámenes y todo salió bien, ahora a tomar el tamoxifeno durante 10 años y controles cada 3 meses y a acostumbrarse a los sofocos!!

El cáncer para mí no fue del todo lo malo que pensé, hizo que me acercara a Dios, a mis hijos, esposo y familia, a pensar antes de ofender a ser mejor persona, siento paz, mucho amor, ya no corro, vivo el día a día, disfrutando cada momento con mi familia y sonriéndole a la vida.


Si quiere saber más sobre Andrea, puedes visitar su Instagram: https://www.instagram.com/maimara.arte/

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